El coche junto al contenedor

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Viendo la entrevista de Jordi Évole a Arturo Pérez-Reverte si a uno le entraban antes ganas de salir corriendo de este país, ahora arroja la llave al océano para nunca regresar.

Y miren que a mi el susodicho periodista y escritor nunca me ha caído especialmente bien, quizá motivado por el hecho de que lo escribe y lo que dice, lo hace con una sinceridad que en ocasiones es demasiado brutal y sincera. Pero eso no quiere decir en absoluto que se esté en desacuerdo o a favor de sus tésis. En este caso en concreto, estoy bastante de acuerdo con él incluso en las formas.

En la mencionada entrevista, Pérez-Reverte viene a decir que todo está perdido, que España no tiene remedio y que su población se sigue dejando engañar porque al final, lo único que preocupa es que el coche esté en la puerta.

Cuando Jordi Évole le pregunta que a qué viene tanta negatividad, Pérez-Reverte opina que España tuvo dos grandes oportunidades para unirse al carro del reciente progreso: una, tras el Concilio de Trento y otra, tras la Revolución Francesa. En ambos momentos históricos, este país prefirió unirse a la iglesia y a la burguesía, que luego serían los poderes socio-político-económicos que nos manejarían.

En mi opinión, España tuvo otra tercera gran ocasión perdida que el autor cartaginés no parece tener en cuenta a pesar de su trascendencia: la Guerra Civil, que supuso no sólo un claro retroceso en las libertades sino también una ruptura social en esas dos Españas, la de la derecha y la de la izquierda, la de la periferia y la del centro, que aún pervive y en los últimos tiempos incluso ha resurgido con más fuerza.

Al tratar este tipo de cuestiones con cualquiera que tenga ganas de hacerlo, lo cual ya es bastante sintomático y sobretodo en las redes sociales, hay muchos que apelan a una revolución que aún no hemos tenido.

El Movimiento 15-M me empezó generando una desconfianza que supuso quedar como un aguafiestas. Pero más allá de un inicio de despertar, lamentablemente quedó en nada y lo hizo en el momento en que ciertos partidos supieron recoger descarada o indirectamente parte de los votos de ese movimiento, pero sobretodo, en el momento en que los poderes fácticos volvieron a narcotizarnos.

Existen, eso si, consecuencias de dicho movimiento, cada una con un peso diferente. Un claro ejemplo es la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) que si bien ya había surgido un par de años antes, cuando realmente han sido conocidos ha sido a raíz del 15-M, pero la cuestión es que dos años y medios después, este país sigue gobernando en una amplísima mayoría por ese bipartidismo que dicho movimiento criticaba.

Tenemos a un Gobierno de la nación completamente inútil a la hora de gestionar una de las peores crisis económicas de nuestra historia pero también a un partido mayoritario en la oposición no sólo incapaz de convencer a los ciudadanos de su alternativa de gobierno, sino de hacer precisamente lo contrario: convencer de que precisamente no son esa alternativa y para colmo, pretender ser la única alternativa.

Nuestro problema es que seguimos confiando en todos ellos, a pesar de que día a día nos demuestran descaradamente que les importamos una mierda.

Pero nuestra verdadera inconsciencia viene impuesta por los poderes fácticos que les manejan y que nos manejan. Me puedo indignar por el cierre de una televisión pública para evitar la readmisión de sus trabajadores pero mientras mi coche, adquirido gracias a las facilidades del Gobierno, esté en la puerta, no haré más que eso, enfadarme.

Somos incapaces de ver nuestro propio potencial como pueblo por la sencilla razón de que siempre saben darnos el opio que necesitamos o mejor dicho, creemos necesitar. Nadie adquiere hoy un teléfono móvil sin ser Smartphone no porque ya apenas los venden, sino precisamente nos hicieron creer que ya no eran necesarios y por tanto, hicieron cambiar nuestros gustos/preferencias. Hace unos años ya, yo tuve uno de los primeros smartphones, uno de esos primeros HTC’s con Windows y con el lápiz. Lo adquirimos en el despacho porque nos resultaba muy engorroso tener un móvil por un lado y una agenda tipo PDA en otro.

Pero alguna que otra operadora debió pensar lo mismo y convenció al Gobierno de turno de que tenía que subvencionarlo para que aquella pudiera hacerlos llegar a todo el mundo, pues sus clientes tenían derecho a lo mejor. Poco después, todos los adolescentes tenían una Blackberry primero y un Samsung Galaxy o iPhone después y cuando salieron los siguientes modelos, todos a hacer colas desde por la noche para adquirirlos.

Los poderes fácticos están continuamente entreteniendo al pueblo con nuevas ilusiones. Una de las últimas fue la enésima candidatura de Madrid a los Juegos Olímpicos que creí sinceramente que supondría un despertar pero cada día me doy más cuenta de que nunca despertaremos pues nos tienen bien narcotizados, hasta tal punto que somos autosuficientes para seguir creyendo que somos la élite.

Recientemente un colegio público de Arganda del Rey (Madrid) ha tenido que reubicar a sus alumnos en parte de las instalaciones de un colegio concertado. Pues bien, todavía hay profesores y padres de éste último que creen que los primeros traerán poco menos que la lepra.

No hemos aprendido nada como país. Seguimos viendo a los extranjeros como esos que nos quitan el trabajo, pero que sí que nos sirven para limpiarnos el culo, previa lavada de manos, eso si. Somos incapaces de ver que somos ahora nosotros los que limpiamos el culo a otros, porque nuestro coche sigue estando en la puerta.

Miramos a otro lado cuando vemos a personas buscando entre nuestra basura porque seguimos con el absurdo convencimiento de que gente como esta siempre ha habido, pero si por un instante, sólo un instante mantuviéramos la vista, nos daríamos cuenta de que son personas que muy poco antes eran como nosotros.

Nos rasgamos las vestiduras por reivindicaciones sociales básicas porque creemos que no van con nosotros. Despotricamos contra quienes limpian nuestras calles pero seguimos dejando nuestra basura “junto a” y no “dentro del” contenedor amarillo porque estamos convencidos de que no entran por el agujerito, pero no nos paramos a pensar de que a lo mejor, si aplastamos el pet de 2 litros, la bolsa no es tan gruesa.

Lo dejamos así, tal cual, porque tenemos el firme convencimiento de que estamos haciendo una gran labor: “así doy trabajo a los barrenderos”, sin caer en la cuenta de que lo mismo el barrendero va a tener o perder el trabajo con independencia de lo cerdos que seamos porque en realidad, él es un número, un coste, para su Ayuntamiento.

La revolución nunca será posible mientras pensemos que lo más importante es que nuestro coche esté sano y salvo en la puerta.

¿Hay esperanza?

 

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