Esta noche, a partir de las 23:00, hora española, en mi programa GOD SAVE METAL, emitido simultáneamente para POWER LIVE RADIO y 22 STRINGS, escucharemos tres temas de la banda colombiana de Metal Progressivo, ARTEMIST.
Así también pondremos temas de ayer y de hoy de Progressive, Power, Metal Classic, Hard Rock, etc.
A través de un amigo, veo este artículo en donde el autor denuncia que Facebook utiliza los contenidos incluso privados que cuelgan los usuarios y enseguida me pregunto, ¿que son contenidos privados en una red social?
Facebook, al igual que Youtube o cualquier otra gran plataforma de acceso a contenidos supuestamente gratuitos podrá tener importantes fallos, como de hecho tiene. Pero la mayoría de los fallos son producidos por un mal uso por parte de los usuarios.
Y si, ya se lo que están pensando, ya está este hombre buscando movida, pero sinceramente, es un tema que me quema especialmente.
Facebook ya dice claramente en su Política de Privacidad que el primero que tiene que ser responsable de los contenidos es el propio usuario y que en cualquier caso, el uso que se hará de los contenidos, se limitará a “Tu nombre, nombres de red y la foto de perfil en miniatura estarán disponibles en las búsquedas a través de la red de Facebook y, ciertas partes de información restringida, podrían ser puestas a disposición de motores de búsqueda externos” y “Facebook bloquea el acceso de estos buscadores a información personal más allá de tu nombre, foto de perfil, y cierta información limitada acerca de tu perfil (p.ej. el número de mensajes en tu muro)“.
Es decir, que ni se te ocurra poner una foto de tu hijo o de la parienta haciendo topless en Sitges como foto de tu perfil, porque te arriesgas a que aparezca en algún motor de búsqueda.
Además, Facebook te permite y así te lo repite hasta la saciedad, que tú mismo puedas indicar qué contenidos pueden ser vistos por según quien o quienes. ¿No será por tanto tu responsabilidad o mejor dicho, tu irresponsabilidad la culpable de que la foto de tu culada se difunda por internet sólo porque “se te olvidó” eliminar la opción de que sea vista por todo el mundo?
La mayoría de la gente se queja y/o tiene miedo de que una foto suya en la playa enseñando lorzas pueda ser distrubida por internet. Ese es un viejo temor y que por desgracia es relativamente frecuente, pero se suele dar en plataformas en donde no existe una persona, física o jurídica, responsable de los contenidos, como podría ser en aplicación P2P.
Profesionalmente me he encontrado desgraciadamente casos de este tipo y en cuestiones muy serias. A través de redes P2P se han distrubuido, fotografías de pornografía infantil a través de individuos sin ningún tipo de escrúpulos. Pero, ¿esto puede suceder en redes sociales o aplicaciones en general en donde se comparten contenidos y detrás hay una persona responsable con nombre y apellidos? Si, puede suceder. Pero como la LSSI indica, “El administrador del servidor no será responsable del contenido ilícito alojado en él si no tiene conocimiento efectivo de la ilicitud de las actividades que se llevan a cabo a través de ese canal“. Dicho en plata, que si Facebook no tiene conocimiento de que existe un contenido ilícito, no tiene obligación retirarlo.
Perdónenme pero es que este tipo de cuestiones siempre me han quemado bastante. Vivimos en una sociedad que avanza tanto tecnológicamente que primero, queremos estar a la moda (mi Facebook, mi twitter, mi messenger) y luego nos leemos las condiciones de uso. Y es cuando descubrimos que todo lo gratuito tiene una contraprestación, clamando al cielo.
Yo mismo estoy haciendo un uso de la marca de Facebook en este artículo sin su consentimiento, confiando en que no les molestará y si me piden que la retire, ¿tengo que rasgarme las vestiduras porque ellos están haciendo un uso de mis contenidos “privados”? Pues perdonenme, pero va a ser que no.
¿Quien nos obliga a estar en este tipo de redes, comunidades, portales, etc.? En muchas ocasiones, sólo nuestra irresponsabilidad.
Tal y como estaba previsto, Yes.fm lanzó la versión definitiva de su plataforma online para escuchar música. Apoyado en grandes discográficas como SONY-BMG, WARNER MUSIC, EMI, UNIVERSAL y la propia SGAE, “dispone de su propia biblioteca de música, enorme, 2 millones de temas, de todos los géneros, los estilos, las épocas y los gustos. Y crece todos los días, con los clásicos de ayer, las novedades de hoy y las tendencias de mañana”.
En un principio Yes.fm podría ser considerado un last.fm made in spain, mejorado, pero hay algo en lo que a mi me ha impresionado: su rápido servicio de atención al cliente, utilizando canales de comunicación más allá de los tradicionales como el teléfono y el correo electrónico.
Esto me sucedió precisamente ayer. Me inscribí y por una cuestión que desconozco, a pesar de que en su publicidad se indica que el acceso a su contenido es gratuito a cambio de un simple registro, llegado un momento, se canceló lo que yo estaba escuchando y me apareció un mensaje que me indicaba que había finalizado mi suscripción.
Aún estupefacto, manifesté mi indignación a través de mi Twitter y cuál fue mi sorpresa cuando prácticamente de forma inmediata, Yes.fm a través de su Twitter contacta conmigo y me presta soporte.
Tal y como les premetí, sirva esta modesta entrada en este modestísimo blog para agradecer publicamente su atención prestada.
Fernando Orden Rueda 2º de Bachillerato, de Ciencias de la Salud. IES Bioclimático, de Badajoz. II Premio del II Concurso Nacional ‘Carta a un maltratador’, convocado por la Asociación ‘Juntos contra la violencia doméstica’
Para ti, cabrón: Porque lo eres, porque la has humillado, porque la has menospreciado, porque la has golpeado, abofeteado, escupido, insultado… porque la has maltratado. ¿Por qué la maltratas? Dices que es su culpa, ¿verdad? Que es ella la que te saca de tus casillas, siempre contradiciendo y exigiendo dinero para cosas innecesarias o que detestas: detergente, bayetas, verduras… Es entonces, en medio de una discusión cuando tú, con tu ‘método de disciplina’ intentas educarla, para que aprenda. Encima lloriquea, si además vive de tu sueldo y tiene tanta suerte contigo, un hombre de ideas claras, respetable. ¿De qué se queja?
Te lo diré: Se queja porque no vive, porque vive, pero muerta. Haces que se sienta fea, bruta, inferior, torpe… La acobardas, la empujas, le das patadas…, patadas que yo también sufría.
Hasta aquel último día. Eran las once de la mañana y mamá estaba sentada en el sofá, la mirada dispersa, la cara pálida, con ojeras. No había dormido en toda la noche, como otras muchas, por miedo a que llegaras, por pánico a que aparecieses y te apeteciera follarla (hacer el amor dirías) o darle una paliza con la que solías esconder la impotencia de tu borrachera. Ella seguía guapa a pesar de todo y yo me había quedado tranquilo y confortable con mis piernecitas dobladas. Ya había hecho la casa, fregado el suelo y planchado tu ropa. De repente, suena la cerradura, su mirada se dirige hacia la puerta y apareces tú: la camisa por fuera, sin corbata y ebrio. Como tantas veces. Mamá temblaba. Yo también. Ocurría casi cada día, pero no nos acostumbrábamos. En ocasiones ella se había preguntado: ¿y si hoy se le va la mano y me mata? La pobre creía que tenía que aguantar, en el fondo pensaba en parte era culpa suya, que tú eras bueno, le dabas un hogar y una vida y en cambio ella no conseguía hacer siempre bien lo que tú querías. Yo intentaba que ella viera cómo eres en realidad. Se lo explicaba porque quería huir de allí, irnos los dos…Mas, desafortunadamente, no conseguí hacerme entender.
Te acercaste y sudabas, todavía tenías ganas de fiesta. Mamá dijo que no era el momento ni la situación, suplicó que te acostases, estarías cansado. Pero tu realidad era otra. Crees que siempre puedes hacer lo que quieres. La forzaste, le agarraste las muñecas, la empujaste y la empotraste contra la pared. Como siempre, al final ella terminaba cediendo. Yo, a mi manera gritaba, decía: mamá no, no lo permitas. De repente me oyó. ¡Esta vez sí que no!–dijo para adentro-, sujetó tus manos, te propinó un buen codazo y logró escapar. Recuerdo cómo cambió tu cara en ese momento. Sorprendido, confuso, claro, porque ella jamás se había negado a nada.
Me puse contento antes de tiempo.
Porque tú no lo ibas a consentir. Era necesario el castigo para educarla. Cuando una mujer hace algo mal hay que enseñarla. Y lo que funciona mejor es la fuerza: puñetazo por la boca y patada por la barriga una y otra vez…
Y sucedió.
Mamá empezó a sangrar. Con cada golpe, yo tropezaba contra sus paredes. Agarraba su útero con mis manitas tan pequeñas todavía porque quería vivir. Salía la sangre y yo me debilitaba. Me dolía todo y me dolía también el cuerpo de mamá. Creo que sufrí alguna rotura mientras ella caía desmayada en un charco de sangre.
Por ti nunca llegué a nacer. Nunca pude pronunciar la palabra mamá. Maltrataste a mi madre y me asesinaste a mí.
Y ahora me dirijo a tí. Esta carta es para tí, cabrón: por ella, por la que debió ser mi madre y nunca tuvo un hijo. También por mí que sólo fui un feto a quien negaste el derecho a la vida.
Pero en el fondo, ¿sabes?, algo me alegra. Mamá se fue. Muy triste, pero serenamente, sin violencia, te denunció y dejó que la justicia decidiera tu destino. Y otra cosa: nunca tuve que llevar tu nombre ni llamarte papá. Ni saber que otros hijos felices de padres humanos señalaban al mío porque en el barrio todos sabían que tú eres un mal tratador. Y como todos ellos, un hombre débil. Una alimaña. Un cabrón.