Acabo de enterarme por La Noche en 24 Horas (he tenido un día algo ajetreado) que por lo visto vari@s farmaceútic@s – por usar el lenguaje de Bibiana Aido – se niegan a dispensar la píldora del día después.
A continuación los tres tertulianos se han enfrascado en un animado debate, en donde el periodista del diario El Mundo, escritor y profesor de Ciencias de la Información, Justino Sinova era la única nota discordante, defendiendo a estos honrados y moralistas empresarios-concesionarios, invocando el más que manido derecho a la objeción de conciencia.
La opinión de Justino Sinova no es más que un fiel reflejo de lo que buena parte de la sociedad española piensa e incluso discute sobre este método anticonceptivo, que no es otra cuestión de negar este mismo concepto y denominarlo de otra forma: método abortista.
Sin querer entrar por el momento en el debate aborto si – aborto no, que sustenta al fin y al cabo esta negativa a dispensar este medicamento, si quisiera hacer hincapié en un hecho que bajo mi punto de vista roza el escándalo público.
El régimen jurídico de la actividad de las oficinas de farmacia, emana del derecho a la protección de la salud, que obliga a los poderes públicos a establecer la organización y tutela de la salud pública, a través de la adopción de medidas preventivas y del establecimiento de las prestaciones y servicios necesarios.
En cumplimiento de las mencionadas prescripciones constitucionales se promulgó la Ley 14/1986, de 25 de abril, General de Sanidad, que constituye el marco esencial del Sistema Nacional de Salud, por el que se arbitran los pilares de las actuaciones preventivas, asistenciales y de estructura de los servicios sanitarios.
Los poderes públicos deberán, en todo momento, garantizar a la población el acceso eficaz y racional a los medicamentos y productos sanitarios. A tales efectos, la atención farmacéutica se puede conceptuar como el conjunto de actividades desarrollados bajo la responsabilidad y supervisión de los profesionales farmacéuticos, en relación con la custodia y dispensación de medicamentos, a fin de garantizar una adecuada asistencia farmacéutica, fomentando, en todo caso, un uso racional del medicamento.
Esta atención farmacéutica, o mejor dicho, esta atención por parte de profesionales de la farmacia en un establecimiento público, se articula mediante una concesión administrativa, que es un contrato celebrado entre la Administración y un particular mediante el cual se le reconoce el derecho a ejercitar, a su riesgo y ventura, una actividad de servicio público reservada a la Administración bajo la supervisión de la Administración titular de dicha actividad.
Traducción: las farmacias ejercitan su actividad fruto de las obligaciones contraídas con una Administración (Ministerio de Sanidad) mediante un contrato. Para que nos quede aún más claro: quien tiene la obligación de dispensar a los ciudadanos los medicamentos es el Ministerio de Sanidad, quien “delega” en terceros para llevarlo a cabo.
De modo que, en primer lugar, la negativa a dispensar un medicamento de entrada supone una infracción de ese contrato y por lo tanto, debería ser objeto de la correspondiente sanción y en su caso incluso de la rescisión inmediata y de facto de dicho contrato.
En segundo lugar, se está infringiendo un derecho fundamental, como es el derecho a la protección de la salud y por supuesto – faltaría más – objeto de denuncia ante la jurisdicción competente.
Por último, se está intentando contraponer éste derecho a otro: la objeción de conciencia y en un Estado de Derecho, ante la confrontación de derechos, existen mecanismos para resolverlos, pero en ningún momento nadie puede – o debe – ejercer uno en contraposición del otro de mutu propio.
Si me permiten un símil, pensemos por un momento en otra actividad pública ejercida por terceros mediante la correspondiente autorización administrativa, por ejemplo la expedición de tabaco.
Que yo sepa, ningún estanquero se niega a vender tabaco a pesar de que está sobradamente demostrado que fumar provoca enfermedades pulmonares, etc.
¿Se imaginan a un estanquero, con doscientas cajetillas de tabaco a sus espaldas – es curioso, casi siempre tienen el tabaco a sus espaldas – pero sermoneándoles con aquello de que se van a quedar impotentes ? “No le vendo tabaco, pero sí le puedo vender estos fantásticos sellos y así se busca otro hobby más sano”.
Creo que debería inventarse la píldora del día después cerebral, con diazepam. Porque estarán conmigo de que negarse a dispensar un medicamento por esta costumbre de la derecha ultra católica de decirnos constantemente lo que tenemos que hacer con nuestras propias vidas o dónde la tenemos que meter – a ser posible, no sacarla – , no se sustenta por ningún sitio y requiere una buena tortilla de Valiums.
Acojonado estoy para cuando llegue el día que se invente la vacuna contra el SIDA. ¿Qué argumentarán? ¿Que no nos la venden por promiscuos o maricones y allá te pudras en el infierno?
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aver me pondre desde el punto de vista de doctora, en las guardias que hago por las noches en el hospital, llega muchisimas niñas porque no tienen mas de 15 años, con complicaciones por abortos hechos en lugar clandestinos o con el embarazo ya pasados los 4 meses, en cuestion, hablando desde el punto de vista de salud, que me perdonen la etica profesional, pero prefiero que se tomen esa pastilla que sus efectos secundarios son minimos, a que se me sigan muriendo pacientes por abortos hechos en lugares clandestinos. por lo menos aqui en latinoamericana que los ultimos estudios rebelan que la gente empieza su actividad sexual apartir de los 13 años y que en las zonas de un nivel alto de pobreza, se hablo con adolesentes embarazadas y dijeron que conocian perfectamente los metodos anticonceptivos, pero que al no tener el dinero para comprarlo y al carecer de un sistema publico de salud eficiente que de los mismos, tomaron la opcion que miles de chicas tomand hoy en dia arriesgarse a quedar embarazadas. prefiero la pastilla a la muerte de chicas con un futuro por delante, claro que negaremos muchas vidas porque nadie quita que la pastilla sea abortiva, yo no se ustedes, pero como doctora la apoyo.
Hola Loki.
Me alegro por tener una opinión de un profesional de la medicina. Aquí la situación no es muy diferente, pero con matices. Por increible que parezca, ha descendido enormemente el uso del preservativo y han aumentado los embarazos no deseados.
Quiero decir que aquí el preservativo está al alcance de prácticamente cualquiera, tanto a nivel económico como por información y sin embargo, cada vez son más los que simple y llanamente no lo utilizan.
“Se me ha olvidado”, “es incómodo”, “me corta el rollo”, son argumentos muy comunes.
Ahora bien, y aunque he dicho que no quería entrar, te adelanto: bajo mi punto de vista la pastilla no es en absoluto abortiva, entre otro motivos porque no existe un 100% de seguridad de que se haya dado la fecundación.
Un saludo
Bajo mi punto de vista, que la píldora del día después sea, o no sea abortiva no es la discusión, es más, llegado el caso de una mujer que no ha usado ningún método anticonceptivo en el momento de tener relaciones, eso es lo de menos. Lo evidente, dejando a un lado cualquier otro tipo de disquisición que no sea el evitar que quede embarazada, si no es eso lo que la mujer quiere, es que la píldora del día después es un arma eficaz contra los embarazos no deseados.
El tema de la objeción de conciencia por parte de los farmacéuticos no es nuevo en nuestro país. No hace tanto, hablo de bien entrados los setenta, conseguir preservativos en según que ciudades podía convertirse en un verdadero via crucis, por no hablar de mi padre, que tenía que acudir al mercado negro para conseguirlos, a precios exorbitados… y lavándolos después para reutilizarlos (no se me arrugue, es lo que había). El problema de la objeción de conciencia es que la negativa a dispensar según que medicamentos pone en peligro la salud, tanto física como mental de las personas. Habrá quien me salte con que hay medicamentos que no se pueden dispensar sino es con receta, pero es que eso no depende de ellos, sino del sistema sanitario público.
Le propongo un juego con respecto a los farmacéuticos, juego que, me extraña, no se le haya ocurrido hacer a algún medio de comunicación. Si conoce a alguna adolescente envíela a 10 farmacias a comprar la píldora del día después, si en alguna le dicen que no, envíe otra de la misma edad, a ser posible delgadita, a comprar un laxante. Verá como eso no tienen problemas para vendérselo.
También tiene razón con lo del uso del preservativo. Pero por distintas razones a las que argumenta. No niego que habrá cenutrios que digan eso de “Se me ha olvidado“, “es incómodo”, “me corta el rollo”, también los hay de cincuenta que dicen lo mismo, pero el estudio indica que el 87% de los jóvenes entre 13 y 18 años no saben utilizar un preservativo – es un tanto por ciento acojonante-. Lo que nos lleva a preguntarnos que tipo de educación sexual están recibiendo en colegios e institutos. Yo imagino, quiero imaginar, que entra en la asignatura la forma de utilización de métodos anticonceptivos, no sólo cuáles son, porque sino… apaga y vámonos.
Ôo-~
… aunque, en esto último, teniendo en cuenta la gran cantidad de colegios concertados de base católica y ultracatólica que se ha permitido entrar en el sistema educativo público, tampoco es que sea nada que extrañe a nadie.
Todo hay que decirlo.
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Todo elemento y/o artilugio que supone un avance en la concepción de la libertad decisoria de la mujer ha supuesto, siempre, debates, contradebates, amonestaciones y moralinas varias. Recuérdese cómo se revolvían los garantes -generalmente de sexo masculino- de la ética vulvar del mujerío patrio cuando la píldora anticonceptiva consiguió traspasar los Pirineos.