Barricada – Balas Blancas
Estoy contemplando con absoluta perplejidad el debate que se está generando durante estos días sobre la conveniencia de que los detenidos en la Operación Pretoria hayan sido detenidos esposados, estando como están en una situación procesal de “meros imputados”. Una vez más compruebo con verdadera tristeza que el Estado y los poderes fácticos están tomando a los ciudadanos de a pie como auténticos imbéciles.
Una vez más, unos presuntos chorizos de guante blanco se convierten en víctimas, invocando a no se qué dignidades y humillaciones y una vez más un muy alto tribunal ordena una investigación para que no se vuelva a repetir. Como recordarán, ya ocurrió más o menos lo mismo en el caso Palma Arena. En esa ocasión los imputados pertenecían al Partido Popular.
Me preocupa mucho, creanme, que se invoque a la presunción de inocencia, sólo cuando estamos hablando de tipos trajeados con grilletes a modo de gemelos. Y me preocupa porque una vez más no se aplican los mismos criterios según quien sea el detenido o retenido.
Porque por mucho que no exista imputación o peligro de fuga a la hora de detener a un presunto delincuente, les aseguro que a un carterista de la Puerta del Sol de Madrid, la Policía no le invita amablemente a que les acompañe a comisaría. Tampoco puedo imaginarme a un simpático y afable antidisturbios pidiendo a unos manifestantes que marchen cada uno para su casa, qué quieres que les diga.
Y ahora voy a decir algo muy politicamente incorrecto, pero lo tengo que decir porque sino reviento. No se cómo son las detenciones de los miembros de la Mesa Nacional de Batasuna, pero si tengo ojos para ver lo que nos ponen en los telediarios y no veo con mucha frecuencia al Sr. Arnaldo Otegui o al Sr. Pernando Barrena introduciéndolos en el furgón de la Ertzaintza como quien va de chiquitos al casco viejo de Donosti.
Cuatro tipos se reunen para, según ellos, buscar la paz en Euskadi y con la ley en la mano un Tribunal ordena su detención. Los telediarios anuncian la buena nueva. Otra vez el Estado de Derecho ha ido contra los violentos. Los tipos protestan y el resto de la sociedad piensa “ya están los batasunos estos dando por culo otra vez, ¡ anda y que se jodan!“
Pero si esos tipos se pasan varios años presuntamente robando a sus ciudadanos, el mismo Tribunal que ordena detenerlos, también vela por su dignidad porque la policía le ha puesto unos grilletes y alguien ha permitido que salgan en los telediarios.
En el primer caso no existe presunción de inocencia y nadie se acuerda de su dignidad. En el segundo no sólo existe esa presunción sino que el personal remueve Roma con Santiago para que esto no vuelva a repetirse.
¿Alguien lo entiende?
Por cierto, les recomiendo que lean el artículo de Júcaro de hoy. Como viene siendo habitual, sublime.
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El problema es un problema de credibilidad, de que realmente nadie se cree que hoy se trate igual a todo el Mundo. Nadie se cree al cien por cien eso de la Justicia, es más, si puedes debes evitar que te caiga un marrón de ese tipo porque no sabes cómo va a terminar. Nadie se cree que los partidos políticos sean vanguardias de la clase obrera. Nadie se cree si quiera lo de “la clase obrera”. Y cuando nadie tiene confianza en el sistema, lo lógico es que venga un tio de bigotito y pegue cuatro gritos y la gente le siga con el brazo en alto y se dedique a quemar los libros de los rojos, de los judios y de los que se creyeron el sistema democrático.