Rammstein – Frühling in Paris

Evidentemente como habrán podido comprobar, mi artículo anterior pretendía ser un intento por mi parte de sátira al que parece que ha sido para algunos el problema más importante de este país durante las últimas semanas… ¡¡ Qué digo semanas !! ¡¡ De los últimos meses !!
Desde luego, si se quiere desviar la atención de los problemas de una nación, programe Ud. un partido de fútbol, invéntese un macro-puente o lance a la red un precepto legal controvertido.
Como he venido diciendo a todo el que me ha querido leer/escuchar, en primer lugar esto es un precepto que, como tantas otras veces, el Gobierno intenta calzar en proyectos de normas que teóricamente no tienen mucho que ver. Por otro lado, existen muchos precedentes en donde donde cualquier parecido del anteproyecto con lo que finalmente se publica en el BOE es una mera coincidencia. Y por último, por mucho que parece que pese a algunos, nuestro sistema permite incluso la impugnación de las normas. Cuestión a parte es el tratamiento que se haga a esa impurgnación por parte de los distintos agentes que intervienen.

Me ha sorprendido mucho todo este “proceso”. En mi opinión, se está confundiendo el camino. Es cada vez más evidente que unos individuos se han eregido como representantes de una amplia mayoría sin que buena parte de ésta les haya dado vela en este entierro. El problema es que como suele suceder en otras facetas de la vida, los que si les apoyan y aplauden, son los más gritones y por eso ha tenido esto la repercusión que ha tenido. Ni más ni menos, señores.

Sobre la ignorancia, tengo dos citas. La primera de Einstein:

Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas.

La segunda es de François de la Rochefoucauld:

Tres clases hay de ignorancia: no saber lo que debiera saberse, saber mal lo que se sabe, y saber lo que no debiera saberse.

Creo que esas dos frases deberían estar enmarcadas en todas las escuelas de enseñanza y, adaptándolas a la tecnología actual, que nos saliera en una ventana emergente de nuestro navegador cada vez que accediéramos a la red a través de un punto de acceso “abierto”.

Recuerdo que hasta hace relativamente poco, mi despacho tenía contratado el mantenimiento informático con una empresa que pertenecía a un amigo personal mío, que me prestaba el servicio a precio de mercado, pero con la confianza de un amigo. Es decir, que me atendía cuando le daba la gana y me cobraba lo que le salía de los esfínteres.

Mi amigo tenía que conectarse habitualmente en remoto a mis sistemas y lo hacía por las noches desde su propio domicilio argumentándome que es cuando la actividad empresarial de internet se ralentiza y por otro lado cuando su hijo, por entonoces bebé, le dejaba un momento de respiro. El caso es que lo que se empezó a ralentizar fue su eficacia hasta que un día, bastante harto de esta situación y en cierta parte preocupado por el estado de salud de su hijo, le pregunté directamente que qué ocurría.

Me confesó que “el cabrón del vecino ha puesto contraseña en su Wifi y llevo varios días intentando hackearle, pero no hay manera“. Me quedé helado. Mi amigo me cobraba por un servicio utilizando herramientas propiedad de otros. Evidentemente, inmediatamente cancelé nuestro acuerdo y él se permitió cancelar nuestra vieja amistad.

Este tipo no era consciente de que legalmente, estaba infringiendo un sinfín de leyes. Su filosofía era que si él contaba con los medios y los demás no ponían barreras, que estaban invitándole a su casa. No entendía que no sólo él estaba entrando en su casa, sino que además, estaba comiendo en su mesa y durmiendo en su cama.

Me resulta muy curioso que en un país en donde la mayoría vivimos y queremos vivir en pisos en propiedad, tengamos tan poco aprecio a otras propiedades.  Internet libre y gratuito. Supongo que habrán escuchado esta proclama ¿Verdad? Esto viene del desarrollo de las comunidades wifi, que se empezaron a crear a título partícular y pasaron por ser comunidades híbridas particular-empresarial.

Pero los ignorantes obvian, bien por desconocimiento o bien por cinismo, que incluso aquellas tienen cierta connotacion económica, pues hay alguien que ha desembolsado sus dineros para que otros no lo hagan. Y en cualquier caso ¿por qué internet tiene que ser gratis? ¿es que detrás de internet no hay personas que lo mantienen? ¿O creen que esto es Matrix?

Luchemos para que tengamos un acceso a internet de calidad, equiparado al de los países supuestamente civilizados, pero no para que sea gratis. La gratuidad merma la calidad de un servicio o de un producto.

Existen multitud de aplicaciones informáticas y web que son puestas a disposición del resto de la comunidad. Un truco más viejo que el TBO para captar adeptos usuarios es darles un empaque de gratuidad, para posteriormente ofrecer servicios de pago. Y más viejas aún son aquellas herramientas que llevan banners de publicidad.

Demuestra tu descontento con el exceso de publicidad en tu pagina de facebook…………. la libertad se transformó en negocio……….. dice un Grupo de chalados en Facebook Creo que es bastante significativo de lo que estoy diciendo. ¿Cuándo para estos caballeretes Facebook no fue un negocio? ¿El hecho de que lo sea y que se ponga un producto en el mercado  merma mi libertad?

Los medios de comunicación tampoco es que ayuden precisamente. Se habla del “fin del P2P” en alusión directa a las descargas ilegales por internet. ¿Colgar por tanto un contenido protegido en un servidor no supone entonces una descarga ilegal para mi? Es decir, que todo lo que me decargue de MEGAUPLOAD, RAPIDSHARE o análogos, ¿es completamente legal, verdad?

He leído incluso noticias peores. “La ley contra las descargas abre la guerra entre Gobierno, usuarios e industria“. ¡¡ Y se quedan tan anchos, señores !! ¿Todo lo que se descarga en internet es ilegal? ¡¡ Válgame !! ¡¡ Qué alguien denuncie a Apple ya !!

En definitiva, que todos podemos opinar, faltaría más. Pero no estaría mal un poquito de conocimiento sobre de lo que hablamos.

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2 respuestas to “La rebelión de los que usan las máquinas”

Comments (2)
  1. Ya lo dije antes. Para esto no salimos con palos y piedras, pero porque nos quitan internet si.
    ¡Panda de pijos, coño!

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